EN DEFENSA DE LA SEGURIDAD Y LA SOBERANÍA ALIMENTARIA.
LUCHA CONTRA EL HAMBRE.
LA FAO, ¿SOLUCIÓN O PROBLEMA?
| Escrito por Agustín Morán |
| SUNDAY 30 de NOVEMBER de 2008 |
El hambre es síntoma de una alimentación insuficiente. La vida humana necesita
una cantidad mínima de calorías diarias (entre 2000 y 2500). Estas calorías
proceden de un combustible, los alimentos, cuya transformación suministra
la energía necesaria para el funcionamiento del organismo humano. Sin
alimentos suficientes hay un déficit de energía y la vida humana se degrada
y tiende a extinguirse.
Los nutrientes principales son: proteínas, hidratos de carbono, grasas,
minerales y vitaminas. Una alimentación saludable y completa debe
ser suficiente y variada. La carencia de uno o varios de los nutrientes
esenciales es causa de enfermedades e incluso, de la muerte. La
falta de proteínas influye en el desarrollo, reduciendo el peso, la
talla y la resistencia a las enfermedades.
El hambre es la peor de las exclusiones. Degrada la naturaleza
humana y deshumaniza a las personas, convirtiéndolas en prisioneras
de su hambre y reduciendo su salud y su esperanza de vida. La
mortalidad infantil de los países empobrecidos multiplica por 10 la
de los países ricos. La esperanza de vida de algunos países de
Africa Subsahariana es la mitad que la de los países europeos.
Paradójicamente, una buena parte de los cereales, grasas y
azúcar que consumen los países ricos, proviene de países en
los que el hambre campea a sus anchas.
En 1950 la FAO (organización de la ONU para la alimentación)
estimaba que las dos terceras partes de la humanidad estaban s
ubalimentadas, es decir, no llegaban a 2000 calorías diarias.
Cincuenta años después, a pesar del vertiginoso aumento de
la producción alimentaria en el mundo, los desnutridos no sólo
siguen sin disminuir, sino que, por el contrario, aumentan. El
mapa del hambre es el mismo que el mapa del subdesarrollo
colonial y neocolonial. Dicho de otra manera, el hambre es
producto de la dependencia de los países empobrecidos respecto
de los países capitalistas más avanzados. Desde principios del
siglo XX, solo las revoluciones populares han conseguido erradicar
el hambre, la pobreza y la ignorancia de forma generalizada. A
pesar del cerco del capitalismo y de sus propias deficiencias,
el triunfo de la revolución rusa en 1917, de la revolución China en
1949 y de la revolución cubana en 1959, han conseguido acabar
con el hambre e integrar material y socialmente a su población
en una pobreza digna.
El desarrollo capitalista crea élites opulentas al lado de simas
sociales en las que malviven las mayorías. Las potencias
coloniales (Inglaterra, Francia, Holanda, España, Bélgica, EEUU,
etc) imponen a países de África, Asia y América políticas agrícolas
basadas en monocultivos para la exportación. Durante la etapa
colonial, el expolio de materias primas y recursos naturales se
dirigían a la metrópoli. A partir de 1950, tras la descolonización,
dichos recursos se dirigen a los mercados internacionales c
ontrolados por las multinacionales de los países ricos. Las
políticas agrícolas y alimentarias basadas en el “libre comercio”
mundial están en el origen del hambre, la desnutrición, las
enfermedades y la mortalidad infantil. Tras la 2ª Guerra Mundial,
el proceso de descolonización transformó profundamente el
sistema internacional de Estados, pasando de albergar 53 a 175
estados en 30 años. Para los nuevos estados – nación, la mayoría
creados artificialmente bajo la batuta de los imperios en retirada,
se repite el mismo proceso de expolio, intercambio desigual,
dependencia y subdesarrollo, pero ahora, no a cañonazos sino
mediante la “mano invisible” del mercado mundial.
Las instituciones causantes de estos crímenes no son de
“infausto recuerdo”. Siguen activas y perpetrando los mismos
desmanes: Se llaman Fondo Monetario Internacional, Banco
Mundial, Organización Mundial de Comercio (GATT hasta 1991),
G-7, OCDE y Unión Europea

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