ACERCA DE LAS “COSAS” ESENCIALES

Nuestro amigo Hector Oviedo nos regala en su blog estas excelentes reflexiones.
Si hay algo que es susceptible de llamarnos la atención en las enseñanzas de la llamada “filosofía perenne”, es la idea que nos trasmiten acerca de que los seres humanos estamos DORMIDOS. Desde el concepto del “mitote “(sueño) del mundo maya, hasta la fascinación de “maya” (ilusión) de la sabiduría Hinduista, pasando por “la vida es sueño” de Calderón de la Barca, se nos trasmite la idea acerca de la posibilidad de que esta vida que vivimos sea un sueño.
El filósofo chino Chuang Tse, uno de los grandes maestros del Taoísmo, lo expreso maravillosamente en un famoso aforismo:
“Anoche soñé que era una mariposa, pero ahora que estoy despierto no estoy seguro si soy Chuang Tse que soñó que era una mariposa, o si soy una mariposa que sueña ser Chuang Tse”.
Uno de los acercamientos que podemos hacer sobre el tema del “sueño de la conciencia” es reflexionar acerca de las “cosas” esenciales de la vida, cosas para las que estamos como individuos y como humanidad “dormidos” ¿De qué se habla cuando se expresa la idea de las “cosas” esenciales de la vida? Nuestras conciencia demuestra estar dormida cuando trabaja, lucha, se esfuerza por lograr lo aparente olvidando lo esencial. En estos momentos de "crisis" es normal ver a las personas preocupadas por lo aparente, por lo efímero, por lo pasajero. La cosa no sería tan grave si esto de estar dormido afectase sólo a las "cosas"... el tema se agrava cuando cuándo nos damos cuenta de que estar "dormidos" afecta a nuestra forma de procesar toda la vida, incluyéndonos a nosotros mismos en todo lo que tiene que ver con nuestras capacidades y posibilidades de desarrollo como personas.
Es un tema importante si reflexionamos acerca de que gran parte de la humanidad está más preocupada por "tener" un trabajo (lo aparente) que por tener un proyecto de vida, una vocación, una manera de realizarse como personas (lo esencial).
Y, cosa curiosa, todas las cosas esenciales son intangibles... "invisibles a los ojos", como lo expresara A. de Saint-Exupery en "El principito".




